Una oreja, la libertad, una guerra, una mina, la inocencia, un ser querido… cualquier pérdida sirve. Y así como uno tapa con ceresita el huequito que se hace entre los azulejos del baño… (no todas las analogías tienen que ser con flores y estrellas y angeles), te decía… así como uno cubre esa ausencia con algo provisorio… también el arte (o como quieras ponerle: la expresión, el desahogo) brota de nuestros poros a la hora de sellar corazones con agujeritos. Y es ese vacío, esa falta de algo (o de alguien) lo que mejores resultados produce en términos artísticos.
A quién le interesaría leer el poema de un tipo que se gana a una mina así nomás? La historia de un amante que no sufre ningún obstáculo, ningún desengaño, ninguna disputa familiar o política, ni siquiera un granito en la frente el día de la cita. Nada. Solamente el relato de lo bien que salió todo y lo fácil que le resulto a tarad… digo al apuesto caballero lograr su cometido amoroso. No se vos, pero a mí por lo menos me despertaría un sentimiento de recelo, un “compadrito… te venís a hacer el canchero? no vengas a contar plata adelante de los pobres!”
Y es que a todos nos gusta un poquito el dolor, sentirnos identificados con el chico que se queda sin compañera de baile de graduación, con el pobre pastor que ansía acercarse a la princesa, en fin… con cualquier ñato desafortunado para saber que no estamos solos, que no somos los únicos idiotas que alguna vez fuimos traicionados o hicimos el ridículo o lloramos por algo (o alguien) o nos ilusionamos erroneamente.
Dicen las crónicas del angel gris:
Manuel Mandeb [..] admitía que la pena de amor conducía al arte. Pero también sostenía que el propósito final del arte es el amor. La recompensa del artista es ser amdo.
Así parecía opinar Ives Castagnino, el músico de Palermo, quien componía valses melancólicos al solo efecto de seducir señoritas. Cuando no lo lograba, su tristeza le dictaba otras canciones que más tarde le servían para deslumbrar señoritas nuevas, y así recomenzaba el círculo.
Quien te dice… quizás todo sea parte de un ciclo de altibajos emotivos compensados por un contragolpe de ataques de inspiración creativa. Queseyo, supongo que al menos de ese modo aquella tan dolorosa pérdida serviría para algo (o alguien).






