Instrucciones para comer galletitas surtidas:

7 09 2007

Antes que nada, deberá abrir el paquete contenedor de las galletitas. Para esto, lo mas conveniente es o bien sujetar con una mano el extremo superior del mismo mientras se le aplica con la otra mano un tirón seco para extraer una de las esquinas desde la cual se verterá el contenido, o bien valerse de la dentadura para lograr una pequeña incisión (que luego se agrandará con ayuda de los dedos). Este mismo procedimiento posiblemente sea de utilidad para la apertura de otros paquetes de otras galletitas o incluso de otros productos.

Una vez superada la primera etapa, estará en condiciones de pasar (como es de esperar) a la segunda. Ésta consiste en el proceso de elección de la galletita. Sería hermoso creer que no hay necesidad de detenerse en este punto, que no hace falta elejir una galletita de entre las otras, que todas son iguales y merecen el mismo respeto; pero tan solo se trataría de una utopía. Lamentablemente el ser humano es un ser ambicioso que discrimina de acuerdo a su gusto y antojo y la merienda no es la excepción.

En el caso hipotético de encontrarse solo, ésta será una tarea más que facil dado que podrá discernir entre las distintas galletitas utilizando sus ojos para ver cuál agarrar. Pero si en cambio, usted se encontrase en compañía de otras personas, entonces la elección deberá realizarse a escondidas del resto para evitar el rechazo hipócrita de sus pares (quienes, seguramente, tambien lo estén haciendo). Si bien no existe una escala detallada de prioridades asociada a cada galletita, podría clasificárselas en dos grandes grupos: las ricas y las feas.

Por lo general, la gente procederá a escoger en un principio a aquellas pertenecientes a la primer categorización, quedando así en el paquete una gran mayoría de galletitas del otro grupo (No existe mejor analogía al darwinismo social que la elección de una galletita surtida). Entre las “ricas” se suelen mencionar las llamadas mini-melbas, las pepitos y los anillitos (aunque dependendiendo de su color, éstas podrán ser para algunos categorizadas como “feas”). En el otro bando estarán entonces las aborrecidas bocas de dama, los bastoncitos, las gotitas de chocolate y “esas con membrillo que se te queda pegado en las muelas y el paladar que tenes que usar la uña para sacartelo, tenés”.

Llegada a esta instancia entonces, deberá usted valerse de toda su concentración y de su tacto para poder seleccionar aquella galletita de su agrado. Seguramente resulte una tarea complicada en un principio, pero con el correr del tiempo sus dedos irán adquiriendo la práctica y la experiencia necesarias para poder lidiar con una aguja en un pajar.

Por ultimo, intente (con el mayor de los disimulos) deshacerse de los pequeños cadáveres panificados. Una opción es la de compartirlas como si usted fuese un alma caritativa, desinteresada. De manera que con la misma precisión que se valió para seleccionar una de las “ricas”, esta vez atrapará una de las indeseables para ofrecérsela a aquella persona que odie. Seguramente ésta última se dará cuenta de su mala intención pero no tendrá evidencias fehacientes para demostrar su mala fe delante a los demás, de manera que se limitará a sonreir con una mirada penetrante y a asentir con la cabeza murmurando un “gracias…”

Una segunda alternativa es la de ir guardando estos restos de racismo pastelero en un frasco, lata o tupper (táper); frascos que irán resultando cada vez mas pequeños frente a una creciente merma de indeseables que poco a poco irán convirtiendose en restos fósiles. Así, de repente un día el destino golpeará a su puerta materializado en forma de vagabundo, pidiendo una limozna o un poco de comida y usted verá en él la solución a todos sus problemas, la forma de quitarse de encima esa cruz de masa que ha venido cargando desde hace tanto tiempo. Ofrecerá al inesperado visitante el tupper y creerá que ha matado dos pájaros de un tiro al liberarse de por un lado de las horrendas galletitas y haber hecho un acto de bien por el otro. Pero llegará el día en que los pordioseros y marginados se rebelarán, el día en que arrojarán al suelo sus restos y recuperarán su dignidad. Créame que llegará ese día en que la tortilla se vuelva y ay! ay de usted que creyó que estaba ayudando a los demás porque ese día, ese día usted dejará de ser una mini melba de la sociedad para convertirse en un pútrido e indeseable trozo de masa inerte.





Situación de estupefacientes, futbol, sala de ensayo…

3 03 2007


Como no podia ser de otro modo, voy a dedicar el presente editorial con un tema de sumo interes y relevancia como lo es el de las galletitas, pero no cualquier clase sino las Surtidos de Bagley/Variedad.
No soy ningun sociologo ni mucho menos pero a traves de la observacion y la experiencia que mis pocos años me dan he notado el extraño comportamiento que se da a la hora de ingestar estas galletitas de la discordia.
Se dieron cuenta de que uno siempre elije las que le gustan para el consumo propio y convida aquellas que no le gustan? Asi cualquiera comparte, dando lo que uno no necesita. Me pregunto entonces, tiene sentido este acto de demagogia? Quiero decir…tiene valor convidar una galletita fea o es mas bien un insulto? Yo no necesito la limosna de nadie, porque habria de aceptar tus sobras…tus boquita de dama? Que se debe hacer con estas odiosas galletitas entonces? Tirarlas? No, uno las pago y tiene que hacer valer ese dinero pero que hacer entonces? que hacer???
Porque puede ocurrir tambien el caso de que uno sea un alma caritativa, dispuesta a dejar de lado el egoismo por el bien del por el projimo, a bancarse alguna que otra galletita fea con tal de que cada uno coma su parte y todos compartan; tanto la alegria de un anillito, como la tristeza de esas de vainilla con membrillo que se te queda pegado en el paladar y no te lo podes sacar sino es con las uñas… pero que pasa si el projimo es el egoista que comete el grave pecado de ELEJIR las galletitas???? sisi, hablo de esas odiosas personas que cual aguilas rapaces en busca de alimento observan en un instante la ubicacion de sus futuras presas para luego, con la habilidad de un experto jugador de poker, tomarlas en un santiamen de la bolsa sin el minimo gesto en sus rostros y llevarlas a sus bocas.
Podemos obviamente optar por el azar, esto es, abrir timidamente la bolsa con un pequeño tajo donde solo puedan ingresar los dedos de la mano de manera que nadie pueda saber que es lo que le va a tocar. Pero creanme, existen manos sensibles capaces de distinguir una minimelba solo con el tacto.
Porque fabrican estas galletitas si nadie las va a comer diran ustedes? Justamente por esa razon, para que todos se peleen por las ricas… Para resaltar su belleza… Quien se pelea por una melba en un paquete de melbas…nadie…de hecho ni siquiera apreciamos su sabor de esta manera….pero cuan grande es la alegria y el regocijo al encontrarla entre un mar de galletitas marron clarito con sabor a nada… Este principio darwiniano de seleccion puede parecer poco creible…pero diganme…alguien compro alguna vez un paquete de anillitos solos??? es estupidisimo….no tiene sentido…
Se que es un tema muy interesante y que la ciencia todavia no ha profundizado demasiado en el tema pero les prometo continuar con este extenso analisis muy pronto… los dejo que estoy cansadisimo… pero les dejo mi consejo “Miremos la vida con ojos de galletita… “